domingo, 30 de noviembre de 2008

Aprendiendo de los mejores

Licencia para disparar... y mucho

Policías, escoltas y agentes del CNI se entrenan en una escuela israelí que enseña técnicas en lucha antiterrorista y cómo reaccionar ante un atentado

SAL EMERGUI.
Especial para EL MUNDO
PORISRAEL.ORG y DORI LUSTRON

NORTE DE ISRAEL.- Mientras carga su pistola, Antonio Bremes, oficial de la Policía Local de Sevilla, confiesa: «Llevo 23 años patrullando la calle en España y creía que lo sabía todo. Pero en dos días en este curso me he dado cuenta de que no sé nada. Aquí te enseñan a reaccionar ante cualquier circunstancia».

Norte de Israel. Varios campos de tiro se camuflan en un paisaje pastoral. A lo lejos, lujosos campos de golf. La tranquilidad se rompe con el constante sonido de las balas, los gritos de «¡enemigo!» y veloces movimientos en coche. Junto a otros ocho españoles y un mexicano, Bremes participa en un curso intensivo de la empresa israelí de seguridad Guardian Spain. Entre los alumnos hay desde un miembro de la Inteligencia española hasta un guardia del Metro de Barcelona, pasando por varios escoltas en el País Vasco y un legionario que estuvo en el sur del Líbano.

Por este mismo curso han pasado miembros del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), policías nacionales e incluso un artificiero, aunque la mayor parte del alumnado proviene del sector de escoltas privados.

Eduardo bromea mientras se dirige al campo de tiro. Nada hace pensar que se trata de un miembro de la Inteligencia española destinado a operaciones de contraespionaje y protección. «Nos dan instrumentos para mejorar nuestra protección a las personalidades ante todo tipo de atentados. ¿ETA? Son unos cobardes que actúan sólo cuando tienen claro que pueden matar y escaparse».

El director general de la empresa, Ariel Mazoz, supervisa cada ejercicio. Técnicamente, todo queda en manos de Gadi, experto en lucha antiterrorista. «Hace unos días me llamó un escolta español que estuvo cerca del coche bomba en el atentado de la Universidad de Navarra. Me agradeció el curso en el que participó hace un año y me dijo que le ayudó a reaccionar en esos momentos de incertidumbre», recuerda Mazoz.

Gadi habla menos y grita más, motivando a los discípulos españoles con un castellano casi perfecto. Sus padres son argentinos que emigraron a Israel hace varias décadas. Pero lo que cuenta aquí no es su dominio de la lengua, sino de las armas, resultado de su paso por una unidad de élite.

Mientras Gadi pide que no afloje el ritmo de disparo, Mazoz explica que, «en los entrenamientos en España, la ley sólo permite disparar 25 balas cada cuatro meses. Aquí disparan 1.500 balas en siete días». Sobre la fama de los cursos israelíes, considera que «el motivo es que desgraciadamente tenemos experiencia con el terror en todas sus formas. Los atentados empiezan evitándose en la información. Hay que buscar al enemigo. No nos podemos permitir el lujo de esperar».

El alicantino Mario Izquierdo, escolta en Sudamérica, desea crear una escuela de seguridad en España. «Si quieres llegar al más alto nivel, tienes que entrenarte con los mejores. Israelíes, estadounidenses y rusos lo son. Aprendemos técnicas que te ayudan en los momentos críticos. Además, aquí los instructores hablan español. Es fundamental porque somos un pueblo que no se caracteriza por el dominio del inglés», afirma.

Mucho más joven pero igual de motivado está Roger, un catalán de 23 años que trabaja en la seguridad del Metro de Barcelona. En pocos meses será escolta en el País Vasco. No tiene miedo. «He estado ahorrando en el último año, trabajando en tres lugares para poder pagarme este curso. Son 3.800 euros por dos semanas, pero es imposible conseguir esta formación en Barcelona. Por ejemplo, en disparos y movimientos de escolta», comenta mientras espera su turno para pegar tiros.

La primera semana del curso se centra en el perfeccionamiento de tiro, con diferentes armas y en combate cuerpo a cuerpo. «Hay que conocer al detalle cómo funcionan todas las armas, ya sean pistolas o fusiles. Muchas veces el agente se apodera de la que lleva el terrorista y debe saber usarla», comenta Mazoz.

La segunda etapa está orientada a técnicas defensivas y ofensivas, seguimiento, métodos de protección, de día y de noche. Roger confiesa que, «profesionalmente, el diploma me abre muchas puertas».

Se abren en España y aquí se rompen en un edificio abandonado, escenario de un simulacro. Cuatro francotiradores rodean la casa y otros cuatro irrumpen en busca del objetivo. Un ejercicio con fuego real. Como en el oeste, aprenden a desenfundar lo más rápido posible. «Intentamos que tarden el mismo tiempo que apuntando a una persona con el dedo. En un segundo y medio deben disparar. Los asesinatos, como por ejemplo el del primer ministro Rabin, apenas duran cuatro o cinco segundos», dicen.

Refugiado en el anonimato, un escolta que sirve en Pamplona se queja: «Todo lo que uno necesita, como un chaleco antibalas o una formación, te lo debes buscar tú mismo. En España no hay suficientes medios para hacer nuestro trabajo».

Al norte de donde entrenan está la frontera con el Líbano. En el sur de este país estaba hace unos meses un legionario miembro del dispositivo de Naciones Unidas que comenta a este diario: «Es irónico que en pocas semanas haya estado en los dos lugares. Allí patrullaba con las tropas libanesas y aquí disparando con los israelíes. Estoy en Israel porque saben instruir a agentes de seguridad. No entro en política».

No sólo los españoles disparan. Agentes de todo el mundo se cruzan en los caminos rodeados por rocas y montañas. Como el mexicano Julio Cesar Betancourt, subdirector policial estatal de Nayait. «En esta profesión hay que aprender constantemente», concluye.

El negocio de la exportación de Guardian Spain a España (incluyendo chalecos antibalas y medios técnicos) se calcula en más de dos millones de dólares. «El terrorismo en España tiene métodos diferentes, pero a fin de cuentas la cuestión es preparar al agente», dice su director, Ariel Mazoz, que vive en el puente aéreo Madrid-Tel Aviv.

La seguridad, un negocio rentable

Cinco empresas israelíes organizan cursos de instrucción para agentes de todo el mundo. Aunque son actividades privadas, el Ministerio de Defensa supervisa que los instructores no revelen secretos del manual de actuación del Tzáhal (Ejército).

Los responsables de estos cursos ganan un buen dinero, pero son migajas en comparación con los millones de dólares que reciben las compañías de asesoramiento en el exterior. Asesoría y ayuda militar, ya sea a gobiernos o instituciones. Muchos se mantienen en el anonimato. Otros menos, como Georgia, que abrió sus puertas a la industria militar israelí.

Igualmente, el ex general Israel Ziv lideró a decenas de ex soldados y agentes del Mossad que ayudaron al Gobierno colombiano en su lucha contra las Farc. «No soy un mercenario. Lo que hacemos es absolutamente legal. Firmamos contratos y, a cambio, aportamos nuestros conocimientos y ayuda», asegura.


Fuente: Elmundo.es
Reenvia: http://www.porisrael.org/

1 comentario:

Andrés dijo...

«No soy un mercenario. Lo que hacemos es absolutamente legal. Firmamos contratos y, a cambio, aportamos nuestros conocimientos y ayuda»

No solo los oficiales israelíes como él que trabajan en industrias de seguridad no son mercenarios por el hecho de trabajar legalmente en todos los sentidos. Sino también por el hecho de que los agentes y organizaciones que contratan sus servicios o compran sus equipos, aunque no se admita o no se quiera, son aliados en esta lucha contra el terror global. Por más que ETA sea un bebé insignificante e inofensivo comparado con el Hezbolá, Hamás o la Yijad Islámica, sinceramente me alegro mucho de si un agente español mata a un bastardo de esa agrupación terrorista vasca gracias a la ayuda de los israelíes (no existen terrorismos buenos y terrorismos malos, aunque la prensa española no esté de acuerdo con este postulado cuando informa sobre el conflicto árabe-israelí). El terrorismo debe ser combatido en todo momento y lugar.