sábado, 29 de noviembre de 2008

Ajedrez mortal

AJEDREZ MORTAL
EL 21 DE NOVIEMBRE PASADO, EL "NEW YORK TIMES" PUBLICO UN EXTENSO Y DETALLADO INFORME DEL PERIODISTA ROBERT F. WORTH ACERCA DEL MOVIMIENTO JUVENIL DE "HEZBOLA" EN EL LIBANO.

Egon Friedler
La Republica. Uruguay
(PORISRAEL.ORG y DORI LUSTRON)

A los conocedores de la historia del siglo XX, la información debe darles una triste sensación de "dejà vu". Sin duda, la organización parece un calco de la Hitler-Jugend, la juventud hitleriana del régimen nazi. Escribe el periodista norteamericano: "Son adolescentes, de 17 o 18 años, pero tienen el ceño adusto de hombres adultos. Algunos tienen pequeñas barbas, otros tienen manchas en la frente resultado de inclinarse al rezar. Cada uno de ellos usa un pequeño retrato del Ayatollah Ruhollah Khomeini, el clérigo chiita que dirigió la revolución iraní, en su pecho".

"Tú eres nuestro líder", cantan los muchachos al unísono, mientras el oficial de Hezbolá les hace una invocación coránica".

La ceremonia de "graduación" tiene lugar en el valle de la Bekaa y reúne a centenares de jóvenes que integran los scouts "Mahdi", el movimiento juvenil de la organización político-militar chiita libanesa "Hezbolá", financiada y dirigida por Irán. Algunos de los jóvenes van a sumarse a lo que la organización llama la "resistencia", si bien no hay ningún ocupante contra el cual resistir, porque las tropas de Israel se retiraron del Líbano en el año 2000. Otros trabajarán en la burocracia del Partido y el resto se unirá a las bases del que ya es el grupo social más poderoso y mejor organizado en el Líbano.

La educación de los jóvenes de Hezbolá tiene un claro objetivo: eternizar el conflicto con Israel y no permitir en modo alguno que el Líbano haga la paz con su vecino del Sur. El adoctrinamiento se basa en el fortalecimiento de la religiosidad islámica y en la demonización permanente del enemigo.

El fanatismo es un buen antídoto contra el sentido común: después de todo, el Líbano no tiene ningún conflicto territorial ni de ninguna otra clase con Israel. Desde el punto de vista de los intereses nacionales del Líbano, el conflicto con Israel carece de sentido. Más aún, es contraproducente.

Pero si el conflicto no le sirve al Líbano sí le sirve y mucho a Irán. Sin él, carece de pretextos para mantener una milicia armada que de hecho tiene de rehén al país. Para un estado totalitario como Irán, que no se conforma con tener el pleno control del aparato estatal, sino que además aspira a controlar por completo la vida privada de sus ciudadanos, la lógica expansionista está unida a la idea de un enemigo implacable al que es necesario combatir y vencer. La situación del Líbano hoy tiene dramáticas semejanzas con la de la Austria de 1938, previa a la anexión al Tercer Reich. Así como Hitler había minado la soberanía de su país natal, el dinero, las armas y la influencia política de los ayatolás de Irán convirtieron al país de los cedros en un país dependiente de la estrategia expansionista de Irán. El enemigo, por amarga ironía de la historia, es el mismo: los judíos. Para Hitler eran los judíos de Europa. Para el régimen clerical-islamista de Teherán son los judíos del pequeño estado de Israel que desde su punto de vista constituyen una enorme amenaza al inmenso mundo musulmán. Obviamente, la amenaza solo existe en la fantasía de los clérigos archiconservadores y oscurantistas.

De hecho, el régimen iraní libra un ajedrez mortal por el poder en cuatro tableros políticos diferentes. El primero de ellos es el libanés-israelí.

Alimentando el conflicto con Israel en la frontera Sur, justifica su secuestro del poder en Beirut. El segundo tablero es el regional. Irán libra una dura guerra de nervios con sus vecinos sunnitas, interviene en la política de Irak y aspira a controlar a los pequeños principados petroleros. Quien consulte la prensa árabe en Internet en idioma inglés, particularmente la controlada por Egipto y Arabia Saudita, tendrá oportunidad de captar la virulencia del antagonismo de Irán con los principales árabes sunnitas. El tercer tablero es el mundo islámico. La enemistad con Israel no tiene trasfondo histórico alguno. Ambos países no tienen diferencias territoriales de ninguna clase. Pero al manipular en su beneficio al conflicto árabe-israelí y palestino-israelí, Irán se presenta en el mundo como el campeón de la causa islámica. De esta manera, el Islam chiita, tradicional minoría en el Islam, pretende adquirir la supremacía sobre su principal rival sunnita, Arabia Saudita. El cuarto tablero es el global, en el que el arma atómica es la reina del juego. Irán no solo aspira a la hegemonía regional e islámica, también aspira al dominio universal del Islam sobre los infieles. En su visión del Islam y del deber islámico de la "jihad", este es un objetivo supremo.

Los cuatro tableros están estrechamente interrelacionados. La victoria de Teherán en cualquiera de ellos puede convertirse en un factor de desestabilización mundial de consecuencias imprevisibles

1 comentario:

Andrés dijo...

Pues a esos "jóvenes" (que no niños inocentes) habrá que tratarlos igual que al resto de los terroristas. Es cierto que los manipulan, es cierto que les lavan el cerebro y todo eso... pero la principal responsabilidad por sus acciones y sus crímenes, son de ellos.