viernes, 5 de diciembre de 2008

El capitán y su "barco"

PIDEN QUE SE LE SANCIONE
Dos eurodiputados alemanes califican la actitud de Guardans en Bombay de "escandalosa"

Dos eurodiputados alemanes han criticado duramente a Ignasi Guardans por su actitud "escandalosa" durante los atentados de Bombay. Según ABC, éstos recriminan al español –que arremetió contra Esperanza Aguirre– por utilizar la situación para asegurarse su puesto en las listas europeas.

Según han contado en un programa de televisión los dos eurodiputados alemanes Erika Mann y Daniel Caspary –la primera socialista y el segundo del grupo popular–, el español de CiU tuvo una actitud escandalosa durante los atentados ya que estaba preocupado sólo de "utilizar la situación para garantizarse su presencia en las listas" de las próximas elecciones europeas.

Según cuenta ABC, los alemanes contaron que Guardans –que durante los ataques estaba fuera de los hoteles a diferencia de otros de sus colegas– sólo quería hablar con los medios de comunicación españoles pese a que dentro del hotel Taj Mahal aún había diputados de la misión del Parlamento Europeo retenidos por los terroristas. El español, como uno de los vicepresidentes de la Comisión de Comercio Exterior, era el que encabezaba la visita a la India.

Para Daniel Caspary, la actuación de Guardans durante su permanencia en Bombay debería ser objeto de un análisis por parte de la Cámara para "aplicar las consecuencias adecuadas". Durante la entrevista, dijo que el español "sólo se ocupaba de aprovecharla (la delegación) para garantizar la reelección".

Una prueba más de lo que son los políticos españoles. En este caso Guardans, que aprovechó el momento para decir que él era como el "capitán que se queda hasta el final en el barco que se hunde", logró avergonzar a sus compañeros eurodiputados. Se ve que en otros lugares no están tan acostumbrados al todo vale y, al menos, cuidan las formas un poquito. Aquí hasta el más inútil se cree capitán de algún barco. Sólo les falta diseñarse uniformes al estilo de Idi Amín y llenarlos con las medallas que se autoimponen sin el más mínimo pudor.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Judeofobia, siempre presente

00A una década de Lyotard, el riesgo de hacer de los judíos un símbolo

Gustavo D. Perednik



En uno de sus primeros estadios, la judeofobia frecuentemente fabrica una supuesta «mentalidad judía» o «espíritu judío», que luego le servirá de excusa para descargarse contra los judíos de carne y hueso. Éstos reciben los golpes en la segunda etapa, cuando politiqueros y revoltosos pasan a la acción.
Para justificar el ardid, el método usual es revelar el supuesto carácter dominador o maléfico de la entelequia original. Se enumeran judíos que son banqueros, editores de diarios, industriales, etcétera, y después se los amontona en una pretendida red de poder, aduciendo que éste es patrimonio de un grupo solapadamente coordinado: los judíos.
El desatino es parecido al de quien atribuyera poder financiero a «los gordos» por descubrir a muchos banqueros pasados de peso, o al de otro que clamara contra una prensa poseída por los miopes porque muchos periodistas usan lentes. Se hacen resaltar a algunos israelitas que están en posiciones elevadas y se estimula la sospecha de que actúan en secreta logia: los judíos.
Se soslaya que en general los hebreos que sobresalen de modo individual, y no en tanto judíos, y nunca forjan planes de dominación en reuniones sinagogales.
Sin embargo, la influencia del mito pervive. Los judeófobos la agravan, por un lado cuando, después de «denunciar la nocividad» de los judíos, inflan su importancia enfatizando la judeidad aun cuando fuera virtualmente inexistente. Por el otro lado, cuando hay judíos importantes que coinciden en la causa que alberga a los judeófobos, éstos se esmeran en empañar la judeidad.
Así, desde la izquierda, el anarquista Mikhail Bakunin (quien adhería al viejo mito de los judíos como «nación de explotadores») tachaba a Marx de «Moisés moderno». Contrariamente, el origen judío de Marx fue muchas veces ocultado por los regímenes comunistas.
Para los nazis el comunismo era «una ideología judía» debido a «los judíos» Marx y Trotsky, aun cuando éstos estuvieran enteramente desvinculados de sus orígenes.
En Francia, la paranoia judeofóbica estalló en el libro Francia judía (1886) de Edouard Drumont, que fue el telón de fondo para el Caso Dreyfus, y «demostraba» cómo el país estaba subyugado por dicho grupo. En poco tiempo alcanzó centenares de ediciones; su autor fundó en 1889 la Liga Antisemita y a los pocos años fue elegido diputado.
Hace una semana, el presidente de Irán reiteró el mito en la ONU, aunque con «corrección política»: Ajmadineyad reemplazó la palabra «judío» y sostuvo en la Asamblea internacional (24-9-08) que «los sionistas dominan las finanzas y los medios».
La acechanza de una conspiración judía oculta asoma corrientemente en el léxico de los españoles del siglo XXI. En abril de 2002, la actriz Marisa Paredes atribuyó a las intrigas del «lobby judío» la elección de los premios Oscar, y cuatro años más tarde el actor Antonio Banderas reveló en TV1 que los judíos son los causantes de las guerras.
En abril de 2004, apareció un voluminoso libro del ex sindicalista minero Antón Saavedra, que difunde la teoría de la conspiración judeo-masónica raíz de todos los males. Saavedra llama «sionista» a la Internacional Socialista, denuncia que el PSOE es ayudado por hebreos, y hasta acusa al «judío sionista Stalin» (sic). Es cierto que los neonazis son igualmente judeofóbicos, pero por lo menos lo admiten.
En casos como los mencionados, el acusador no necesita aportar datos. Es suficiente incriminar a los judíos por los terremotos, la tuberculosis o el cáncer de hígado, para colocar al pueblo hebreo en el ubicuo banquillo del acusado.
El 3 de noviembre de 2002, el diario El Mundo proveyó una lista de judíos conocidos bajo el título de «El ABC de la España hebrea», y advirtió que «están en la banca, la Justicia, la hostelería, la construcción, el textil... Los judíos españoles se mueven en los círculos más poderosos y mantienen contacto con la elite económica y política. Contar con el respaldo del 'lobby' hebreo incluso puede librarles de la cárcel». Uno se veía tentado a compadecerse de los pobres cristianos, que cuando caen en la cárcel deben permanecer en ella.

Lyotard, una década después

El francés Jean-François Lyotard (1924-1998), uno de los filósofos más notables del postmodernismo, se opuso, desde la izquierda no-comunista, a la represión soviética en Hungría en 1956. Veinte años después introdujo en Francia las nuevas ideas, que pretendían derrumbar el concepto de la «verdad». Para Lyotard, ninguno de los inconmensurables dominios del discurso humano puede juzgar a los otros (La Diferencia, 1983). Por ello, la cultura postmoderna debería desentenderse de la verdad y de los «meta-relatos» que intentan dar un sentido a la historia.
A los judíos, Lyotard los colocó en un rol central en Heidegger y los judíos (1990), libro que en buena medida respondió al de Víctor Farías Heidegger y el nazismo (1987). Farías había mostrado que la filiación nazi del genio alemán no fue episódica sino sintomática y, a partir de sus evidencias no puede eludirse la cuestión política al abordar a Heidegger.
Con todo, éste ocupa unos pocos capítulos del libro de Lyotard. El resto se refiere a los «judíos», concepto desprovisto de contenidos rituales o tradicionales, y cuya clave es la unicidad de Dios y, más aún, la conexión entre esa unicidad y la ética.
Esta idea judaica terminó siendo antipática para Occidente, y por ello habría germinado la judeofobia.
Lyotard cayó en una suerte de abstracción sobre la «esencia» judía, proponiendo a «los judíos» como los emblemáticos del post-modernismo, que deben permanecer en el exilio para difundir eminentemente la moral kantiana. Lyotard pareciera haber «postmodernizado» a Hermann Cohen.
El francés consideró que su referencia a «judíos» no aludía a valores nacionales ni religiosos: no al sionismo, ni a la religión o el pensamiento judíos. «Lo más real sobre los judíos es que, en cualquier caso, Europa no sabe qué hacer con ellos. Los cristianos exigen su conversión, los monarcas los expulsan, las repúblicas los asimilan, los nazis los exterminan». Son «el Otro radical» de Occidente.
A partir de contrastar el pensamiento judaico con el greco-cristiano, Lyotard ve en los judíos un tajante corte con el Occidente pagano-cristiano. Se opuso explícitamente al término «judeocristiano» ya que para él los judíos son inasimilables, y resisten para no olvidar «lo Olvidado». En esa resistencia se distancian de la voluntad de Occidente y su obsesión por el dominio.
En efecto, los judíos de Lyotard son los testigos de «lo Olvidado», un concepto similar a un numen que «no es recordado por lo que fue o es... sino por lo que nunca deja de ser olvidado... que es percibido como una obligación ante la Ley». Si bien hay en Lyotard reminiscencias del mentado Cohen y de Emmanuel Levinas, se distingue de ellos en que no fundamenta su aproximación a lo judío en ninguna fuente ni tradición de esta cultura.
Por el contrario, varios judíos irreligiosos forman parte de su inspiración filosófica: Freud, Derrida, Adorno, Benjamin, Arendt, Célan, y la pléyade de «alemanes no-germánicos, judíos ajudaicos» que abandonan la tradición y ven en la emigración y la imposibilidad de integración una forma de su desesperación de todo retorno, «condenados al éxodo».
Así llega Lyotard a una exaltación de la Diáspora judía por sobre la lealtad nacional, y de lo apátrida por sobre lo raigal, en una especie de reivindicación del «Judío Errante».
Por ello, a pesar de su aparente filojudaísmo, la construcción de una «esencia judía» en base de parámetros concebidos por el autor lleva potencialmente la carga de la hostilidad. Transformados en símbolo, los judíos pueden con mayor facilidad ser objeto de la agresión. Una de las motivaciones del odio que los asedia es que, como grupo, muchas veces despiertan sentimientos de culpa, bien porque la moralidad fue virtualmente iniciada con la Biblia de los judíos (y por ello encarnarían las limitaciones éticas), o bien porque la persecución que padecieron podría presagiar una venganza que despierta temor.
Por ello generalizar a los judíos en un concepto simbólico cualquiera corre siempre el riesgo de desviar esa entelequia y castigar al pueblo que supuestamente la encarna.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Librándose de la SGAE




Hoy es miércoles, el día D. La sala Conservas de Barcelona recibe la visita de juglares y trovadores necesitados de asesoría jurídica para burlar el archiconocido canon. Pasa todas las semanas; un abogado responde a bajo precio a las dudas del dueño de un karaoke en Las Ramblas, un bar de Chueca o una tienda de Teruel. Veinte euros por barba. “Un precio simbólico para cubrir los servicios del abogado”, dicen ellos.

¿Y quién son ellos? Se hacen llamar EXGAE, dicen ser unos 8.000 miembros y se presentan a la sociedad como “una entidad especializada en librar a los ciudadanos de los abusos de las entidades de gestión como la SGAE”. Son el azote de aquellos que pretenden aprovecharse de la incultura popular. Es más, pretenden plantar cara al paletismo.

Por ello abogan por una cultura libre basada en el copyleft o, lo que es lo mismo, apuestan por el desplome forzoso de la industria cultural: “Abogamos por la caída de un sistema cultural basado en monopolios. Creemos que el acceso a la cultura debe ser libre, no limitado por el pago. Eso garantizaría el acceso generalizado a los productos culturales”, afirma Elena Fraj, miembro de la plataforma horizontal y profesora de Arte en sus ratos libres.

“¿Qué hace alguien como usted en una entidad como ésta?”, se le pregunta. “Mi objetivo es que mis alumnos, futuros creadores, sepan que no tienen por qué dejar sus obras en manos de entidades de gestión como la SGAE”, responde ella. “¿Cuál es vuestra opinión sobre la susodicha entidad de gestión?”, le preguntamos. “Es una asociación privada que gracias a la legislación del copyright, que en parte crean ellos presionando al Gobierno con su infinito poder, abusan de los que programan la cultura, de los que la hacen y de los que la consumen”, replica Elena.

Nos cuenta algún ejemplo. Marc Sempere, cineasta, actor, músico y escritor que pertenece a la EXGAE elaboró la banda sonora de una película y la SGAE cobró a todo aquel que la utilizó posteriormente el dichoso canon sin que Sempere perteneciese a la entidad. Palabra de profesora de arte. Se supone que la razón de ser de la EXGAE es evitar estos abusos y democratizar la cultura. Para ello abogan por la modificación de ciertos preceptos legales y el cumplimiento escrupuloso de los ya establecidos. “La SGAE comete constantemente fraudes, cobra a gente que no sabe que en realidad no ha de pagar el canon, acumula muchas denuncias de este tipo y las formas que tiene de repartir los ingresos siguen resultando oscuras”, sostiene Fraj.

Lo de democratizar la cultura resulta para ellos más sencillo. Se ríen de las campañas antipiratería del ministerio descargando el e-mule en sus ordenadores. “El copyright es la herramienta más poderosa de las grandes majors. Ganan más dinero con el merchandising que con la propia película. Nosotros creemos en la cultura libre”.

-¿Y si alguien piensa que no sois más que un grupo de artistas incapaces de vender un disco, una película o un libro sin distribuirlo gratuitamente?

-Nuestra forma de ver las cosas ayuda a la gente que empieza a promocionarse gratuitamente, a venderse. A partir de ahí, se cada uno puede pensar lo que quiera. Pero lo que pretendemos ante todo es un modelo más justo; una cultura para todos.

Pakistán, y similares, son el problema

Pakistán es parte del problema
Rafael L. Bardají

Tras los atentados/ataques de Bombay, analistas y expertos antiterroristas de aquí y allá han comenzado a hablar de un mundo post-Bombay. Que lo haya o no dependerá en gran medida de cómo se gestione la situación en y con Pakistán. Hay que lograr, por imposible que parezca, que este país deje de ser parte del problema en la guerra del terrorismo y lo sea de la solución.

Según las autoridades policiales indias, hay tres claras evidencias que vinculan a Pakistán con los atentados de Bombay: una llamada desde un móvil de los terroristas a la ciudad de Karachi, una tarjeta de crédito y nueve documentos de identidad. Sea como fuere, la verdad es que es más que imaginable que tras la matanza haya elementos pakistaníes. Es difícil hablar de niveles oficiales, pero lo más seguro es que entre los implicados haya elementos de los servicios de inteligencia (ISI), actuando por su cuenta o no, así como alguna organización radicada en suelo pakistaní.

La connivencia, por decirlo de manera suave, del entramado gubernamental pakistaní con el yihadismo viene de lejos. Los servicios secretos alentaron e inspiraron a grupos islamistas a combatir por una Cachemira libre de la soberanía india, como Lashkar-e-Tayyaba, y los incitaron a que actuar también en suelo indio. Es más, para la CIA, el ISI fue decisivo en la conexión de esos grupos, en teoría independentistas, con la yihad de Ben Laden, y hay quien llega a hablar del secuestro, en 1999, del vuelo 814 de la Indian Air como de un ensayo táctico del 11-S (el avión, con 154 pasajeros a bordo, fue secuestrado en Katmandú por militantes islamistas cachemires armados por agentes del ISI; los criminales dirigieron el aparato a Kandahar, en el Afganistán de los talibanes, luego de haber planeado estrellarlo contra algún edificio emblemático indio si Nueva Delhi no accedía a negociar con ellos). Los tejemanejes pakistaníes con el terrorismo cachemir y anti-indio respondían a la lógica de la tensión con Nueva Delhi.

Por otro lado, cabe recordar que los talibanes afganos son una creación del ISI, que les procuró dinero, asesoramiento, logística y cuadros desde que nacieron hasta mediados de los 90. Islamabad pensaba que con ellos se acabaría la guerra civil que se desató en Afganistán tras la retirada de las fuerzas soviéticas, y que podría valerse de ellos para garantizarse la preeminencia estratégica en la zona.

En tercer lugar, es bien conocida la importancia del adoctrinamiento islamista en Pakistán, adoctrinamiento llevado a cabo sobre todo en las miles de escuelas coránicas o madrazas –la mayoría financiadas con dinero saudí– que hay en el país, y que han servido de caldo de cultivo a una oposición radicalizada y con capacidad para disputarle al Gobierno la autoridad en determinados temas y en amplias zonas del territorio. Pensemos, por ejemplo, en la famosa Mezquita Roja de Islamabad (asaltada por las fuerzas del orden en julio de 2007), cuyo principal mérito es el de haber servido de plataforma religiosa contra Musharraf y de foco de irradiación de la alternativa islámica al poder civil constituido.

También está la cuestión del desgobierno en determinadas regiones, sobre todo en las limítrofes con Afganistán (por cierto, la frontera común está por determinar). A raíz de la invasión soviética de Afganistán, en los años 80 el lado pakistaní sirvió de retaguardia para los mujaidines afganos; hoy sigue cumpliendo igual función, sólo que esta vez a favor de las fuerzas talibanes y en contra tanto del Gobierno electo de Kabul como de las fuerzas internacionales implicadas en la operación Libertad Duradera y en la ISAF.

El problema que se abre tras el atentado de Bombay tiene múltiples ramificaciones. Y atañe no sólo a las relaciones bilaterales entre la India y Pakistán, aunque éstas puedan ser las más visibles. Hay que tener en cuenta que en 2002 se vivió una situación parecida, que estuvo a punto de desembocar en una nueva guerra entre ambos países. Entonces se llegó a movilizar a casi un millón de soldados. Si la India se inclina por una escalada verbal e inicia algunos movimientos, como el despliegue de tropas, la movilización pakistaní estará asegurada. Así las cosas, volveríamos a un escenario altamente inestable, con dos potencias nucleares de por medio; y si Islamabad desplazara tropas hacia su frontera con la India, en un momento en que se espera que presione a los islamistas en las regiones del norte, quienes saldrían ganando serían los talibanes y Al Qaeda y quienes saldrían perdiendo serían la estabilidad y la seguridad afganas. Y nuestras tropas, allí, en misión...

En 2002, la presión americana y el claro control de Musharraf redujeron finalmente el riesgo de la escalada. Hoy, esos dos elementos de contención no están presentes: por un lado, la Administración americana vive el impasse de la transición de Bush a Obama; por el otro, el poder político en Pakistán está más disperso que nunca. Es posible que nadie, ni siquiera el Ejército, tenga la capacidad de imponer un curso de acción concreto que no sea cuestionado por alguna de las facciones rivales en liza.

¿Cómo evitar, pues, un escenario que puede llegar a ser apocalíptico? En parte hay que comenzar por reconocer los sucesivos errores que se han cometido al tratar los problemas de la zona. Pakistán ha gozado desde el 2001 de un estatuto que no le correspondía, y todo porque sus dirigentes prometían hacer más de lo que luego hacían en la guerra contra el terrorismo islamista. De estar sometido a embargo, pasó a ser beneficiario de miles de millones de dólares en concepto de ayuda militar. Esa relación especial se interpretó en aquellas tierras como una señal de apoyo a sus intereses, que chocan muy frecuentemente con los indios. Convendría tener claro de una vez por todas que Pakistán es parte del problema en el tema del yihadismo, y que sus servicios de inteligencia han trabajado y trabajan en ambos lados de la trinchera. En la cuestión del yihadismo, Pakistán es a la vez verdugo y víctima: son miles los atentados que ha sufrido en su suelo en los últimos años.

El ISI y el Ejército deben recolocarse nítidamente en la lucha contra el islamismo, y sólo deberían recibir ayuda en la medida en que esto fuera claramente verificable. En segundo lugar, toda la asistencia a Pakistán debería centrarse en una reforma profunda y radical de su peculiar sistema educativo. El objetivo prioritario de la ayuda occidental debería ser la reducción drástica del número de madrazas y el fomento de una educación digna para los afganos, con independencia de cuál sea su sexo. Igualmente, convendría equilibrar las apuestas estratégicas en la zona; dejar claro que el aliado natural de Occidente es la India, una potencia democrática –con todos sus defectos– y no un Pakistán que practica el doble juego.

Islamabad padece un grave problema económico, que no resolverá sin una fuerte ayuda de las instituciones y la comunidad internacionales. Ahora que tanto se habla de refundar el orden económico mundial, no estaría de más que se pensara cómo emplear las palancas económicas que nos quedan para encaminar a Pakistán hacia la senda adecuada.

Para empezar, lo que debería hacer ese país es dar señales de buena voluntad y abrir una investigación auténtica sobre lo sucedido en Bombay, con vistas a la captura de los instigadores de la matanza, sean quienes sean y estén donde estén. De lo contrario, el régimen de Islamabad deberá ser considerado parte del problema, no de la solución.

Por supuesto que Pakistán es parte del problema. Igual que lo son Arabia Saudí, Irán, Sudán, Siria y todos aquellos estados que amparan y fomentan la jihad. Unos están en la lista de los "malos", otros sin embargo son considerados "amigos" por USA debido a la miope visión internacional que suelen tener los americanos. Creen que es sólo el dinero y el poder más o menos terrenal lo que mueve a todo el mundo. Además de estar aún anclados en los modos de la guerra fría creyendo que siempre se puede negociar e intercambiar piezas en una especie de juego de Risk: para ti la India, para mí Pakistán.

Se quiera reconocer o no lo cierto es que estamos en guerra. Y lo único decente que se puede hacer es poner todo el empeño en ganarla.

martes, 2 de diciembre de 2008

Toca arrastrarse a pies de los que nos matan

Un profesor argelino exige al Rey que pida perdón a los musulmanes
http://www.libertaddigital.com

Un profesor argelino ha pedido al Rey la identificación y condena de quienes expulsaron a los musulmanes de Al-Andalus, según recoge ABC. También llama a regresar a Andalucía y exige un parte de los ingresos por visitas a mezquitas. Su influencia en la Universidad preocupa al Gobierno.

Tal y como publica ABC, Jammal Ben Ammar Al-Ahmar reclama desde su página web el regreso de los descendientes de los expulsados de España en el siglo XV al tiempo que exige la condena de los culpables. Autoproclamado descendiente de la dinastía de Bania Al Ahmar, exige en forma de carta al Rey Don Juan Carlos, la recuperación de dicho territorio.

No obstante, los responsables del Gobierno advierten de un elemento de preocupación adicional: Jamal Ben Ammar adoctrina a diario a estudiantes desde su cátedra de profesor en la Universidad Farahan Abbas de Sétif, en Argelia. También forma parte de las delegaciones culturales del país magrebí en el extranjero.

Uno de los pretextos habituales de Al Quaida a la hora de amenazar a nuestro país, dice ABC, es la reivindicación de Al-Andalus, además de la presencia de tropas españolas en Afganistán. Ahora, Ben Ammar insta a una "completa investigación legal e histórica de los crímenes de guerra que tuvieron lugar en Andalucía por las cruzadas papales, francesas, inglesas y europeas, cuya víctima fue nuestro miserable pobre pueblo, tras la caída de la regla islámica en Andalucía".

La carta afirma que "la injusticia infligida sobre el pueblo musulmán de Andalucía que todavía sufre la diáspora en el exilio desde el año 897, según el calendario musulmán, y 1492 después de Cristo. Dicho esto, el profesor insta al monarca español a pedir perdón "en nombre de sus antepasados" y que asuma la "responsabilidad de las consecuencias" que esto acarree.

Es por ello que el profesor considera necesario "identificar a los criminales, condenarlos retrospectivamente, mientras se identifica y compensa a las víctimas por sus calamidades y se restauran sus títulos". Una especie de investigación de Memoria Histórica a la manera de Garzón, según ABC, que tal y como dice en su carta llevaría a "emitir un decreto que permita a los inmigrantes regresar a sus hogares andaluces, garantizándoles la concesión del pleno de derecho de ciudadanía", y restaurar todas sus propiedades.

También considera necesario un "buen trato a la comunidad musulmana que vive en España y que siente que su orgullo ha sido desdeñado, tras la inspección de tribunales", algo que se debe aplicar, dice, a los sin papeles, cuyos antepasados fueron expulsados, y a las negociaciones de España con grupos internacionales políticos y religiosos (donde ABC especula con la posibilidad de que se refiera a la Alianza de Civilizaciones).

También reivindica la independencia de Ceuta y Melilla, y que se pida perdón a los musulmanes. Esto incluye que un tercio de los beneficios por las visitas a mezquitas deben ser destinados a representantes legales de Al-Andalus.

lunes, 1 de diciembre de 2008

¡Que asco!

En los USA, Obama nombra Secretaria de Estado a la Clinton y no duda en mantener al mismo Secretario de Defensa de Bush a pesar de ser republicano. Una vez pasada las elecciones dejan a un lado la lucha e intentan trabajar juntos, con mejor o peor resultado, pero buscando un mismo objetivo.

En España, lo más importante de los atentados de Bombay no han sido los muertos y heridos ni la gravedad de la situación a la que nos enfrentamos todos los que no queremos someternos a la pezuña de Alá. En España lo único que importa es sacarle partido a la sangre ajena y arañar votos para cualquier campaña electoral, da igual actual o futura. El caso es tirar mierda sobre el contrario y ponerse medallas uno mismo.

Desde el PP han intentado convertir a Esperanza Aguirre en una especie de superwoman que se salva por los pelos. Desde el PSOE le han encargado a Pepiño, ese prodigio de inteligencia y ética, que la convierta en la mala de la película vomitando sus habituales espumarajos . Se creen el ombligo del mundo y no son más que lo que todos sabemos.

Me recuerda tanto al 11-M ....