lunes, 1 de junio de 2009

Ahora más que nunca: BETIS


Tenía que pasar y pasó. Son cuatro años viviendo al borde del precipicio y hemos acabado por caernos. Estamos en manos de un tipejo que cree que el Betis es su cortijo y que, tras el ataque de cuernos del 2005 (cuando todos los béticos reconocimos a Lorenzo Serra Ferrer como artífice del éxito) decidió hacernos pagar cara nuestra rebelión. Y por fin consiguió hundirnos en segunda. Ha jugado con las ilusiones y los sentimientos de muchos miles e béticos. Lo acabará pagando. Él y el montón de jugadores acomodados y sinvergüenzas que han estado vagueando y riéndose de los béticos todo este tiempo.
Anoche el cuerpo me pedía coger un garrote bien gordo, montarme en el coche y tirar para Sevilla, a buscar a los culpables y darles palos hasta en el alma. No lo hice, me conforme con llorar junto a un vaso de vodka, con mi hijo al teléfono igual de jodido que yo, y mi sirenita más pantera que nunca echándome un capote como buenamente podía.
Sólo me quedan por decir tres cosas:

¡LOPERA VETE YA O MUERETE!

¡VIVA EL BETIS LIBRE!

¡AHORA, MÁS QUE NUNCA, BETIS!



¡Qué te han hecho, Betis!
A los que digan, Betis, que descendiste ayer, escúpeles a la cara y diles que es mentira, que sólo te fuiste a dormir definitivamente a la categoría maldita porque desde la temporada 2005-06 ya hay uñas tuyas en las paredes del pozo. ¿Te acuerdas? La anterior campaña habías sido el primer equipo andaluz en esculpir su nombre en la Liga de Campeones y un tipo de ley, Lorenzo Serra Ferrer, luchaba por hacer el Betis más fuerte de la historia. Era el momento de hacerte sólido, de dejar de alicatar la fachada, como los horteras, y ahorrar en ella para hacer un interior sobrio, para forjar un banquillo que supusiese competencia a las estrellas del césped, para reforzar un equipo que no luciera por once sino que doblara la rodilla de los rivales, fuesen quienes fuesen, gracias a los veinticinco de la plantilla.

Se acoquinó. Tu número uno, tantas veces valiente, se encogió. El momento clamaba por la figura de un emprendedor con agallas, pero en el momento justo se encontró con alguien tan sólo preocupado en hacer caja. No hizo caso a quien sabía, un mallorquín que al tragar cavó su fosa, y aquella temporada en la que se tuteó al Chelsea en un partido de escándalo al final de La Palmera y en la que te dejaste pisotear, Betis, por los parias de la Liga, el que manda, el tenedor y el cuchillo, puso la primera tabla de un cadalso en el que acabaste inmolándote. Porque han sido cuatro campañas, cuatro, Betis, subiéndote a la silla, poniéndote la soga la cuello, dándole una patada al espaldar y quedándote colgado hasta que tu gente, que nunca falla, te rescataba justo antes de expirar. Cuatro años igual: un máximo accionista fichando a través de representantes sin escrúpulos, un director deportivo mantenido fracaso tras fracaso porque servía de parachoques al poder, un presidente marioneta al que sus propios compañeros ninguneaban, un consejo de administración huero que no servía ni para figurar y una plantilla tan descompensada que iba dando tumbos hasta que se despeñó, qué pena Betis, que ya es tan pasado como lacerante presente, el 31 de mayo de 2009.

Ayer, Betis, todos hicieron su trabajo menos los que dicen defender tu escudo. Manda cojinetes, Betis, que sólo cuatro supuestos de 81 te mandaran a Segunda y que durante media hora incluso sobraran tres. El Osasuna remontó a un Real Madrid de coña, el Getafe no se dejó arrastrar por el rencor del Racing, el Sporting tuvo riñones y de lo que cuelga para superar la embestida de un Recreativo más bravo y andaluz que nunca y el Valladolid, tu rival, unas veces apoyado en su sudor, otras en la suerte, siempre en la fe, supo escribir su destino, el mismo que a ti te puso en el infierno.

Y ahora qué, preguntarás. Tú, que en la televisión me dejaste ver un dedo índice puro hueso, que uña y carne sólo duraron veinte minutos; o tú, que llorabas mucho antes de que el descuento se transformara en viático; o tú, al que sólo te faltaba un piercing verde en el alma para que San Pedro no se confundiera de aparcamiento si el corazón maltrecho te mandaba al paraíso. Ahora, qué, bético. ¿Más de lo mismo? ¿Más golpes en el pecho? ¿Más jeques de pacotilla? ¿Más bsport paseándose por el Postigo? ¿Más sumarios en los juzgados? ¿Más luchas intestinas por las migajas de un poder desfasado? ¿Más gestión de mercería en un mundo superprofesionalizado y multimillonario? Tú dirás, pero que sepas que sin poder no eres nada, sólo el garante de una llama, la verdiblanca. Y esta no necesita de un abono para arder.

Publicaban los compañeros de muchodeporte.comque Manuel Ruiz de Lopera, en la visita que hizo a su gente al viernes en Montecastillo, ofreció quince mil euros por barba al plantel por la victoria ante el Valladolid. Nadie lo ha desmentido. Nadie ha publicado tampoco que yo sepa, que alguno de los capitanes del Real Betis diera un paso adelante en la citada reunión y se negara a aceptar la oferta del máximo accionista apelando a que si eran ellos los que habían llevado al equipo a esa situación, ellos tenían que salvarla por pura profesionalidad. El extra era una falta de respeto. Perdieron una magnífica oportunidad ese día. En el campo, ayer, también. Los estimulara o no el dinero, está claro que el talento no se deja sobornar. Si no se tiene, no hay billetes que valgan. Pasó en el Ruiz de Lopera y en El Sardinero cántabro, con un Racing que de tantas primas como tenía en el bolsillo no podía ni moverse. Por mucho que sea el enfado y la indignación, no hay excusa alguna para la violencia. Quien en ella se ampara no puede nunca tener la razón. Ayer, hoy ni mañana. Nunca

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