lunes, 19 de mayo de 2008

Líderes inútiles, por lo tanto dañinos


Una élite de papel
Por Caroline Glick
(Diario de América)

Publicado por http://desdeisrael.com/

En un giro triste del destino, la élite actual de Israel es la descendiente directa no de sus predecesores sionistas, sino de la élite del exilio a la que combatieron sus predecesores. Sesenta años después de declararse el estado, Israel está encabezado por hombres y mujeres que se oponen a la fuerza judía y en su lugar apoyan el modelo de la diáspora de congraciarse con extranjeros a través del apaciguamiento.

Al aproximarse el 60 aniversario del Día de la Independencia de Israel, surgen consideraciones del sionismo y sus descontentos. La noción revolucionaria que introdujo el sionismo en la mentalidad judía, formada a partir de 19 siglos de indefensión apátrida, consistió en que los judíos podían, y en la práctica tendrían, que defenderse solos. Desde la destrucción de Jerusalén en el 70 DC hasta la llegada del sionismo moderno, tal noción parecía absurda. A lo largo de los siglos de exilio, los judíos entendían que su supervivencia dependía de la amabilidad de los extraños. El sionismo llegó y dijo que ese ya no era el caso más. De ahora en adelante, nosotros los judíos nos tendríamos que ocupar de nosotros mismos.

Teniendo en cuenta esta premisa sionista básica, el motivo de que la élite judía de la diáspora se opusiera al movimiento no es ningún misterio. Su situación en sus comunidades se basaba en su habilidad para prosperar en la indefensión. Un éxito sionista a la hora de reconstruir la patria judía en la Tierra de Israel haría sus habilidades, sino irrelevantes, mucho menos necesarias de lo que lo habían sido.

En un giro triste del destino, la élite actual de Israel es la descendiente directa no de sus predecesores sionistas, sino de la élite del exilio a la que combatieron sus predecesores. Sesenta años después de declararse el estado, Israel está encabezado por hombres y mujeres que se oponen a la fuerza judía y en su lugar apoyan el modelo de la diáspora de congraciarse con extranjeros a través del apaciguamiento.

Tómese Siria, por ejemplo. La semana pasada descubrimos dos cosas. Descubrimos, definitivamente, que con la asistencia norcoreana y conflagración iraní, Siria estaba construyendo ilícitamente un reactor nuclear de plutonio que si se hubiera permitido alcanzar su finalización, habría sido capaz de producir armas nucleares. También descubrimos que el Primer Ministro Ehud Olmert está celebrando conversaciones secretas con Siria a través de la ahora islamista Turquía. Si esas conversaciones son "fructíferas", conducirán a una rendición israelí de los Altos del Golán estratégicamente vitales a cambio de un tratado de paz con Siria.

El dictador sirio Bashar Assad es descrito con frecuencia como un imprudente débil que disfruta reuniéndose con asesinos como el jefe de Hezbolá Hassán Nasrallah o en el Presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad para demostrar su valía.

Assad puede ser imprudente, pero ciertamente conocía su enemigo lo bastante bien
para jugar con la élite israelí igual que un virtuoso violinista.

La víspera de que el director de la CIA Michael Hayden entregase al Congreso los detalles de la incursión de Israel en Siria el 6 de septiembre, Assad comenzaba a
inundar los medios árabes con declaraciones acerca de sus esfuerzos extremos por convencer a Israel de entregarle los Altos del Golán a cambio de un tratado de paz. Olmert, por su parte, no negó las declaraciones de Assad, y de esta manera pareció aceptarlas. Siendo los títeres de la izquierda radical que son, los medios israelíes reflejaron la historia. La élite de la televisión, la radio y la prensa ignoró las implicaciones estratégicas en la incursión y en su lugar optaron por atacar a los políticos que piensan que sería mala idea rendir los Altos del Golán -- y con ellos la capacidad de Israel de defenderse -- a cambio de un trozo de papel de Assad. Los medios ignoraron completamente que la decisión de Siria de construir esas instalaciones nucleares la sitúan en violación abierta de las obligaciones contractuales con la comunidad internacional según el tratado de No Proliferación Nuclear del que es firmante. ¿Cómo se puede confiar en que Assad vaya a cumplir su palabra con Israel cuando acaba de ser sorprendido violando sus obligaciones delante de la comunidad internacional de una manera tan clara? Además, los medios locales ignoraron lo que revela el reactor nuclear de construcción norcoreana y financiación iraní acerca de la verdadera naturaleza del régimen de Assad. La cooperación en materia de proliferación nuclear demuestra claramente que Siria no es una nación pacífica sino un miembro de pleno derecho del eje del mal sirio -norcoreana-iraní. La pasión de los elitistas por los trozos de papel -- o incluso las negociaciones sobre ellos simplemente -- es general. Cualquiera que esté dispuesto a hablar de firmar uno, ya sean presidentes americanos o dictadores sirios, es amigo y socio. Y cualquiera que cuestione la terca creencia de los elitistas en los acuerdos como objetivo final de Israel en todas las cosas es un enemigo de la paz. Teniendo en cuenta el radicalismo de Siria, no está claro cuánto tiempo van a ser capaces que estas élites de mantener su ficción de credibilidad y buena disposición sirias. Pero mientras que muchos en Israel no confían en Siria, casi todo el mundo en Israel confía en América. De manera que en la medida que sabemos, sin duda fue una sorpresa para muchos israelíes que la administración Bush esté intentando anular la promesa por escrito de 2004 del Presidente George W. Bush al entonces primer ministro Ariel Sharon de aceptar, y de esta manera apoyar, el derecho de Israel a conservar muchas de las comunidades que ha construido en Judea y Samaria y Jerusalén desde la Guerra de los Seis Días de 1967.

En el 2004, Sharon era confrontado por una realidad política difícil. Tras aliarse con la izquierda en las elecciones de enero de 2003 denunciando el plan del líder Laborista Amram Mitzna de retirarse unilateralmente de Gaza, en diciembre de 2003, Sharon sorprendía a su partido y los miembros de su coalición anunciando que adoptaba el menoscabado plan de Mitzna como propio.

Sharon fue incapaz de debatir con sus críticos, que argumentaban que una retirada israelí fijaría una toma de control terrorista. Israel estaría cediendo a los terroristas de Fatah y Hamas su mayor victoria de la historia y convenciéndoles de que no hay motivo para aceptar el derecho de Israel a existir y decantarse por la paz. Puesto que Sharon no tenía ninguna respuesta para sus críticos, que simplemente estaban manifestando lo obvio, trabajó para cambiar el asunto equiparando la retirada con un trozo de papel. Suplicó a Bush que le escribiera una carta afirmando que Estados Unidos no esperaba que Israel renunciase al medio millón de judíos que vive en Judea, Samaria y los vecindarios post-1967 de Jerusalén en el marco de un tratado de paz con la OLP. Y en abril del 2004, Bush presentaba a Sharon una carta que, aunque digna por los pelos, era suficiente para permitirle declarar una victoria diplomática que pudiera justificar la retirada. Bush escribía, "A la luz de las nuevas realidades sobre el terreno, incluyendo los centros israelíes de población ya existentes, no es realista esperar que el resultado de las negociaciones del estatus final sea un retorno total y completo a las fronteras de armisticio de 1949".

La carta nunca fue la sorprendente aprobación que Sharon y sus defensores de los medios locales simularon que era. Pero era algo. Hoy sin embargo, la administración Bush, que ha pretendido prohibir toda construcción judía tanto en los vecindarios post -1967 de Jerusalén como en todo Judea y Samaria, incluyendo centros de población importantes, está intentando anular por completo la promesa por escrito de Bush.

Según el Washington Post del pasado jueves, los funcionarios de la administración Bush están haciendo todo lo posible para intentar abandonar el compromiso del Presidente con Sharon. Justificando la carta como un ejemplo sin importancia de maniobra política utilizada para ayudar a Sharon a expulsar a los judíos de Gaza y el norte de Samaria en el 2005, explican que la carta ya no es necesaria políticamente. Cumplido su propósito de fomentar el apoyo israelí nacional a la ya finalizada retirada y expulsión, tendría que ser olvidada.

En palabras gentilmente formuladas del consejero de seguridad nacional Stephen Hadley, "El presidente respalda obviamente la carta de abril del 2004, pero es necesario examinarla, obviamente, en el contexto en que fue redactada".

En una afirmación sobrecogedoramente inconsistente, el antiguo secretario de estado Colin Powell afirmaba que mientras la administración redactó la carta específicamente con el fin de conducir a los electores israelíes a creer que habían logrado una concesión americana, él nunca anticipó "que la carta de Bush sería entendida como una luz verde por parte de Israel para anexionar los asentamientos". Todo esto era evidentemente predecible. Los tiempos cambian, los intereses cambian y las políticas se adaptan a las nuevas condiciones. Esta es la norma básica e invariable de la política. Pero la élite de Israel se niega a aceptarla sin importar cuántas veces los hechos la respalden. Tómese por ejemplo la Guerra de los Seis Días.

La Guerra de los Seis Días nunca habría tenido lugar si Estados Unidos no hubiera violado el compromiso por escrito que alcanzó el presidente Dwight Eisenhower con Israel en 1957. Tras obligar a Israel a retirarse de la Península del Sinaí, Eisenhower prometía por escrito que si los egipcios se llegaban a acercar al Estrecho de Tirán hacia la navegación israelí, Estados Unidos acudiría en ayuda de Israel. Pero cuando en 1966 Egipto hacía justamente eso, Estados Unidos tenía cosas más importantes que hacer que ayudar. Y por tanto Israel se vio obligado a cumplir la misión sionista y defenderse. En el 2005, en contra del consejo del estado mayor del ejército, Sharon optaba por abandonar la frontera internacional de Gaza con Egipto. Renunciando a la responsabilidad de Israel de proteger las vidas de su propia ciudadanía en el Negev occidental y más allá, Sharon enmendaba el tratado de paz con Egipto para permitir a las fuerzas egipcias desplegarse a lo largo de la frontera con la esperanza de que Egipto protegiera la frontera por Israel. Mientras Egipto estaba totalmente dispuesto a desplegar sus fuerzas en el Sinaí, se ha negado a tomar cualquier acción eficaz para evitar que Gaza se convierta en una incubadora del terror internacional armada hasta los dientes con armamento avanzado que ha entrado en tromba desde que Israel se retirara de la frontera internacional. Y no solamente no ayuda a Israel, esas fuerzas egipcias complican aún más la tarea de los estrategas militares israelíes que intentan concebir cómo defenderse de Hamas.

Israel optó por perder la Segunda Guerra del Líbano en el 2006 dejando intacto a Hezbolá a cambio de una promesa nunca en serio de que las fuerzas de Naciones Unidas harían lo que el ejército no hizo -- a saber, proteger la frontera e impedir rearmarse y reafirmar su control sobre el sur del Líbano a Hezbolá. Y ahora, para sorpresa de muchos, hasta Naciones Unidas admite que UNIFIL ha fracasado en su misión. Hezbolá está totalmente rearmado, re-entrenado y desplegado con fuerza al sur del río Litani. Los judíos, que nos hemos aferrado a nuestra religión y nuestras tradiciones contra todos los obstáculos durante miles de años, somos sin duda un pueblo terco. Y la mentalidad de los elitistas de la diáspora de Israel es tenaz en su creencia de que Israel está mejor en manos de otros.

Pero por supuesto, la élite no constituye un país entero. Ni siquiera constituye una mayoría, solamente una minoría con poder. No cabe duda de que a su debido tiempo, los tercos judíos sionistas expulsarán a nuestra élite del poder y asegurarán nuestro país durante los próximos 60 años.


Una vez más los USA se aprestan a traicionar a Israel. Nada nuevo, va en su naturaleza traicionar al amigo para congraciarse con el más repelente enemigo. Acogieron a los nazis, ¿por qué iban a ser diferentes ahora? El problema por tanto no es la traición del supuesto amigo sino el deseo de agradar y ser traicionado que manifiestan los líderes israelíes.

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